Es dudoso que sea sorpresa para los que prestan atención a los eventos actuales, pero tengo nueva evidencia de los crimines chavistas acerca del pandémico de COVID. Esta crisis me ha afectado personalmente con las noticias que me entregó mi esposa atrapada en Venezuela el pasado lunes que mi hijastro, mi nuera, y mi nietita de tres años están infectados por COVID. No solamente han estado espuestos a ella, sino están enfermos con las sintomas. Aunque doy gracias a Dios que mi hijastro y mi nietita están en el camino de recuperation y que están mejorando cada día que pasa, mi nuera está todavía en una situación de crisis. No puede respirar a causa de asma, una condición preexistente que agrava cualquier condición pulmonar que sufre. Aunque doy gracias fuerte al Señor que el tío de mi hijastro es médico y que puede administrar tratamientos a su familia, las escaceces de todas formas de suministros médicos afectan la capacidad de los médicos para brindar una atención eficaz a sus pacientes. Para empeorar las cosas, además de sus otros crímenes contra el sobre lo que gobiernan con mano de hierro y sangre, los Chavistas han impuesto un régimen de encerrado draconiano. Lo peor de todo es que cualquier persona que dé positivo por COVID o que contraiga los síntomas del coronavirus sea alejada de su familia y aislada y puesta en cuarentena durante 45 días, aislada de todo del mundo. Uno solo puede imaginarse cómo debe ser tal cuarentena en la Venezuela de hoy. Por esta razón, muchos venezolanos que contraen la enfermedad se autoaislan, sin contar ni a sus amigos más cercanos ni a sus vecinos sobre su condición por temor a que un vecino indoctrinado los “delate” a las autoridades para imponerles cuarentena.
Nosotros aquí en Los Estados Unidos y en otros países del oeste sabemos de la disponibilidad de la droga hidroxicloroquina. Además de su historia de eficaz en el tratamiento de la malaria, sabía de más de 65 años, se ha demostrado ser muy eficaz como tratamiento profiláctico para la infección por coronavirus y para los síntomas una vez que la enfermedad se ha establecido. Ahora es ampliamente aceptado por la comunidad médica (es decir, la comunidad médica no politizada) como un tratamiento muy seguro, muy eficaz, y muy BARATO para COVID-19. Su tasa de éxito en el tratamiento de pacientes con COVID durante los últimos seis meses ha sido superior al 95 por ciento. No hay ninguna razón para que este medicamento no esté disponible y no se administre universalmente a los pacientes con COVID. El hecho de que haya tanta resistencia de los gobiernos del mundo occidental al efecto de la hidroxicloroquina no se debe a sus defectos, sino a su éxito. Tal éxito roba a los gobiernos cada vez más tiránicos del mundo occidental una justificación para controlar a su ciudadanía.
El gobierno chavista venezolano sabe del eficaz de la hidroxicloroquina, pero en lugar de intentar prohibirlo, hacen algo infinitamente más malvado. Los chavistas ahora acamparan todas las reservas nacionales de hidroxicloroquina para el círculo íntimo chavista. Esto ya que condenan el número cada día más grande de pacientes con COVID entre los venezolanos comunes a retrasar la agonía, el sufrimiento e incluso la muerte por falta de medicamentos básicos. ¿Cómo es posible que EE.UU, un país que siempre condena otros países más poderosos del mundo por sus abusos a los derechos humanos contra su propia ciudadanía, no ha condenado al gobierno de Venezuela por este acto específico de genocidio flagrante contra su propio pueblo? Espero estar equivocado al pensar que esta situación no ha llamado la atención de la Administración Trump, el Congreso de Estados Unidos u organizaciones humanitarias, pero no he visto ninguna mención en ningún medio de comunicación, ni siquiera en los medios alternativos. Esto es inaceptable.
De igual manera merece condenación la comunidad de expatriados venezolanos aquí en los EE.UU. NUNCA he encontrado una comunidad de expatriados, de cualquier otro cuatro del mundo, más apática y desvinculada de la situación en su país natal. No sé si ha originado esta apática en el deseo de huir y olvidar completamente de la pesadilla que era la vida diaria en Venezuela, o si es resultado de la corrupción que es la vida en los EE.UU hoy, algo que induce el deseo para abandonar su país de origen y todas las memorias de ello. Pero en todas mis encuentras con expatriados venezolanos, como individuos o como organizaciones, la actitud predominante ha sido la de “no nos importa.” Es como si nadie tuviera familiares o seres queridos en Venezuela por quienes se preocuparan (contrasta esta actitud con la de los cubanoamericanos, de los cuales un gran número, incluso si no han vivido en Cuba durante décadas, un país bajo la opresión comunista mucho más tiempo que Venezuela, todavía se preocupan y luchan por liberar al país). Espero que esté equivocado y que aún no he descubierto las personas o organizaciones venezolanas correctas y concienzudas, pero estoy ahora a punto de desesperarme que nadie quiera ayudar o involucrarse.
Al final es mi esperanza que llame la atención de las autoridades internacionales que pueden ejercer presión sobre los Chavistas para que permitan la distribución ilimitada de hidroxicloroquina que salva vidas a todos los que la necesiten. Desafortunadamente, con el gobierno de los EE. UU. mostrándose como un peón de la máquina de desinformación globalista y utilizando la crisis de COVID como una herramienta para controlar a su población a través del miedo, claramente no podemos contar con Washington para liderar tal esfuerzo, todo su actual ruido belicoso contra el régimen de Maduro ahora. Que el resto del mundo esté a la altura de las circunstancias y oremos que Nuestro Dios Amoroso y Misericordioso escuche las oraciones de sus niños oprimidos en Venezuela y termine pronto con su pesadilla.